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Muchas personas creen que para no sufrir de las articulaciones deben evitar las actividades físicas. Sin embargo, el ejercicio es una actividad benéfica y además indispensable para mantener en óptimas condiciones nuestras articulaciones, pues las fortalece y ayuda a mantenerlas flexibles para que puedan desempeñar la función de movilidad que le dan a los huesos.
Sin embargo, una situación muy distinta es cuando nuestras articulaciones se encuentran dañadas de alguna forma o lastimadas por alguna lesión o enfermedad. Cuando éste es el caso, no se debe evitar el ejercicio, pero sí se tiene que ser precavido con su ejecución y con el tipo de actividad física que se realiza.
Se recomiendan ejercicios con mucho movimiento, que necesiten poca resistencia y evitando lo más posible cualquier tipo de carga. Un ejemplo ideal es la natación.
Los que se deben evitar son aquellas rutinas deportivas que involucran altos niveles de carga, de resistencia o de choque como correr, trotar, saltar, pesas, etcétera; ya que pueden aumentar el daño a las articulaciones.
¿Quieres desempeñar un ejercicio gratificante, sea cual sea el de tu preferencia: solo, en equipo, acuático, en parejas, etcétera? Para cualquier actividad física necesitas tener, como en todo, una base sólida, y nuestra base para trabajar con nuestro cuerpo, o incluso en cualquier labor cotidiana, se encuentra en la fortaleza de nuestros huesos.
Al esqueleto humano debemos considerarlo como una de las partes más importantes de nuestro cuerpo; no sólo porque es nuestro principal soporte, sino porque en los huesos se sintetizan los glóbulos (blancos y rojos), que son esenciales para la sangre y para nuestra salud. Para que exista una producción adecuada de estos glóbulos y para que tengamos un soporte adecuado, es necesario brindar a nuestro esqueleto las vitaminas y los minerales que le ayudan a cumplir su misión.
Es necesaria una alimentación que contenga frutas, verduras y carnes, de forma moderada, y de lácteos (de preferencia bajos en grasa), para adquirir los nutrientes necesarios. Sin embargo, no está de más darle al cuerpo un extra de calcio y de vitamina D. El primero, ayuda a tener una estructura ósea fuerte y resistente, pues, en gran medida, los huesos se componen de este mineral. Mientras que la Vitamina D permite que esta sustancia se fije en los huesos.
Por último, además de la alimentación, recuerda que el ejercicio te ayuda a mantener los huesos sanos y en condiciones óptimas. Además, el sedentarismo (o falta de actividad física) provoca la pérdida de masa ósea.
>En el cuidado de tu soporte principal, es decir el esqueleto, hay diferentes factores que influyen en su buena o mala salud. Existen algunas situaciones a las que estamos predeterminados de manera genética o natural; por lo que, en realidad, no podemos hacer nada para evitar que nuestros huesos se dañen. Algunas de ellas son:
- Género: Estadísticamente las mujeres, por una infinidad de variables que las diferencian de los hombres, tienen por naturaleza menor densidad ósea, lo que hace más probable que sufran fracturas o problemas articulares.
- Edad: El crecimiento de los huesos se lleva a cabo en las 2 primeras décadas de la vida. La mayor parte de su formación ocurre durante la infancia, mientras que su crecimiento se acentúa durante la adolescencia. Asimismo, alrededor de los 30, se observa un aumento de la masa ósea. Mientras que después de los 40 se acentúa la pérdida de hueso.
- Raza: Como dato curioso, por cuestiones genéticas, las razas caucásica y asiática tienden a presentar mayores riesgos de sufrir enfermedades de los huesos.
- Forma de los huesos: Esta parece ser la más obvia. Todas las personas tenemos estructuras óseas distintas, es decir, más o menos “gruesas”. La analogía es simple, entre más delgados tus huesos, tendrán menor masa ósea y por tanto será más fácil que puedan dañarse.
Puesto que tener alguno de los factores listados no se puede evitar, puedes favorecer un mejor futuro de tus huesos, cuidando elementos como la alimentación, el control de tu peso, así como no fumar y no excederte en las bebidas alcohólicas y el café.
La frase: “haz ejercicio”, normalmente va acompañada de otra frase igual de trillada, como “aliméntate sanamente”, esto no se debe a falta de creatividad, existen varias razones por las que debe ser así.
Una actividad física ayuda al cuerpo a mantenerse bien oxigenado, alerta, ágil y, por supuesto, nos hace sentirnos más felices por nuestra apariencia y nuestro estado de ánimo. Sin embargo, no serviría de nada hacer suficiente ejercicio para lograr estos objetivos si no le damos al cuerpo la alimentación adecuada para recuperar el gasto de energía que realiza con las actividades físicas diarias.
Además, si no nos alimentamos correctamente, puede crearse algún tipo de desorden alimenticio y el ejercicio, en lugar de ser benéfico para la salud, puede ser incluso perjudicial.
Una buena alimentación nos ayuda a tener energía, pero también nos permite mantener músculos fuertes y una apariencia fresca y elástica en la piel, entre otras ventajas. De la misma forma, podemos incluir en la dieta diaria aquellos alimentos con nutrientes que además le hacen bien a nuestros huesos y a nuestras articulaciones, como:
- Calcio: Provee rigidez a los huesos, encuéntralo en los lácteos, jugo de naranja, pescado con esqueleto y cereales.
- Fósforo: Éste, dentro del hueso, provee funcionalidad y fuerza. Encuéntralo en las almendras, yogurth, queso, huevos y salmón.
- Vitamina K: Ayuda a incrementar la densidad ósea y regula los niveles de calcio y fósforo. Encuéntrala en pescado, leche, cereal, vegetales verdes, aceite de soya y canola.
- Magnesio: Lo necesitan tus huesos y tu cuerpo para realizar múltiples funciones. Se halla en los frijoles, plátano, almendras, y vegetales muy verdes, como las espinacas.
Muchas personas, desde novatos hasta deportistas profesionales, han usado el remedio de poner hielo en un área lesionada a causa del ejercicio, pero ¿sabemos cuál es la razón, los beneficios y las desventajas?
La forma correcta de aplicar hielo a una lesión es hacerlo lo antes posible después de haberse lastimado y sólo dejarlo por un lapso no mayor a los 12 minutos. Esto ayuda a disminuir la inflamación; la razón es la siguiente: con el frío se estrechan los vasos sanguíneos (aquellos que aportan sangre a esa zona) y por lo tanto disminuye el paso de la sangre, de este modo, evitamos que se acumule este fluido en la lesión, que es lo que causa la inflamación.
Las precauciones que debes tener son:
- Nunca pongas el hielo en contacto directo con tu piel, ni más tiempo del recomendado. Esto se sugiere porque puedes causar congelaciones y quemar la superficie de la piel.
- Si eres una persona muy sensible, a veces, en lugar de adormecer y aminorar la inflamación, ésta incrementa y por lo tanto causa más dolor. En este caso, el peor remedio es aplicar el hielo.
- No aplicar hielo en la región torácica (es decir, en el pecho) ya que se puede limitar el flujo de sangre que llega al corazón.
- Si no tienes sensibilidad en la zona lastimada antes de aplicar el hielo, no uses este remedio, ya que la falta de sensibilidad puede ser resultado o síntoma de otro problema, algo peor que el propio golpe.