La aparición de esta enfermedad está relacionada directamente con la degeneración del cartílago, por lo general éste protege la articulación para que el movimiento sea suave. También se encarga de absorber los golpes cuando hay demasiada presión, como pasa cuando corremos. Si no existe suficiente recubrimiento de cartílago, debido a que ya se desgastó, los huesos tienden a rozar, provocando dolor, inflamación y rigidez en las articulaciones. Esta inflamación en las articulaciones se debe a varios factores, entre los que destacan:
- Fractura en algún hueso.
- Infección que se ocasiona por una bacteria o virus.
- Se presenta una enfermedad autoinmune en el organismo, es decir, el cuerpo se ataca a sí mismo, ya que el sistema inmunitario reacciona al creer que es un cuerpo extraño el que está presente.
- Afectación y desgaste general de las articulaciones.
Este padecimiento se presenta en mujeres y hombres de cualquier edad. Existen estadísticas que estiman que más de 37 millones de personas son afectadas tan sólo en Estados Unidos por esta enfermedad. Otras causas que podemos destacar son:
- Artritis reumatoide.
- Artritis psoriásica.
- Artritis viral.
- Artritis gonocócica.
- Artritis tuberculosa.
- Artritis bacteriana.
- Artritis reactiva conocida como Síndrome de Reiter.
- Lupus eritematoso sistémico (LES).
- Gota.
- Esclerodermia.
- Espondilitis anquilosante.
- Enfermedad de Still del adulto.
- Enfermedad de Lyme-terciaria (el estado tardío).
- Infecciones micóticas como la blastomicosis.
Es común que las personas que presenten artritis tengan estos síntomas:
- Dolor en las articulaciones.
- Inflamación en las articulaciones.
- Sensación de calor rodeando la articulación.
- Enrojecimiento de la piel alrededor de una articulación.
- Reducción de la capacidad para mover la articulación siendo las manos las primeras en verse afectadas.
- Rigidez que se presenta sobre todo por la mañana.
Cuando se presenta dolor, las partes del cuerpo que se ven más afectadas son:
- Codos
- Rodillas
- Tobillos
- Nudillos
- Cuello.
Es posible que en algún tipo de artritis, como la inmune, se deformen las articulaciones si no se aplica el tratamiento a tiempo. Estos signos se presentan en la artritis reumatoide severa.
El primer paso para diagnosticar esta enfermedad es elaborar una historia clínica detallada, para conocer si la artritis, o algún problema musculoesquelético, es la causa de los síntomas. Posteriormente, hará un examen clínico completo que puede revelar la acumulación de líquido en la articulación, a lo que se denomina derrame. Si se presiona la articulación, se puede observar sensibilidad, sensación de calor o enrojecimiento, que es más común cuando se presenta artritis infecciosa o autoinmune. Es posible que al querer rotar hacia cierta posición alguna articulación se presente dolor, a esto se le denomina “rango de movimiento limitado”. Los exámenes que se efectúan suelen variar, dependiendo de la causa por la que se sospeche que esta enfermedad haya aparecido, destacando:
- Examen completo de sangre.
- Radiografías de las articulaciones.
- Extracción del líquido de la articulación para comprobar la presencia de una infección, así como otras causas, como la gota.
La aplicación del tratamiento depende de la causa que provoque la enfermedad, qué tan grave sea, cuáles son las articulaciones dañadas, así como el nivel de afectación en las actividades normales del individuo. También se toman en cuenta factores como la edad y la ocupación, por lo que el médico trabaja directamente con el paciente para encontrar un tratamiento a la medida del paciente.
En todos los casos, el tratamiento está orientado a desaparecer la causa que origine el problema, dentro de lo posible. Sin embargo, no siempre puede suceder así, como en los casos de osteoartritis y la artritis reumatoide, por lo que el tratamiento se encamina a aliviar el dolor y malestar, así como a evitar que surja cualquier tipo de discapacidad.
Para tratar la artritis se ha observado que realizar cambios en el estilo de vida reduce considerablemente los síntomas, pues resulta mejor hacerlo que tomar medicamentos; sin embargo, en caso de que sean necesarios, se pueden usar.
Hacer ejercicios especiales dirigidos a combatir la artritis es benéfico para mantener saludables las articulaciones, curar la rigidez, aminorar el dolor, así como fortalecer los huesos y los músculos. Este plan de ejercicio lo elabora un fisioterapeuta de manera individual, es recomendable que contemple:
- Ejercicios de flexibilidad que tengan un rango de movimiento determinado.
- Ejercicios para fortalecer el tono muscular.
- Ejercicios de resistencia aeróbicos de bajo impacto.
Es común que los fisioterapeutas apliquen técnicas de calor y frío que permiten a la persona afectada usar dispositivos para enderezar las articulaciones, situación necesaria en algunos casos, como en la artritis reumatoide. También puede aplicar hidroterapia, masajes con hielo o estimulación nerviosa transcutánea. Tanto el reposo como el ejercicio son importantes, dormir de 8 a 10 horas por las noches y tomar siestas durante el día permite que el paciente se recupere rápidamente. Incluso, ayuda a que la enfermedad no empeore. También se recomienda:
- No adoptar posiciones o realizar movimientos que impliquen ejercer una tensión mayor sobre las articulaciones dañadas.
- No adaptar una posición especifica durante mucho tiempo.
- Aminorar el estrés, que puede ser perjudicial para los síntomas. Se pueden utilizar técnicas de relajación para meditar como el yoga o el tai chi.
- Se deben realizar ciertas adecuaciones en el hogar que permitan realizar las actividades con mayor facilidad, por ejemplo, tener barandales para apoyarse en la tina del baño o cerca del sanitario, para no forzar los movimientos.
Otras medidas que se pueden aplicar son:
- Tomar medicamentos que contengan glocosamina y condrotina, que tienen la cualidad de formar bloques estructurales sobre el cartílago. Estas sustancias son seguras y en muchos pacientes se ha observado una mejoría considerable al tomarlos.
- Llevar a cabo una dieta rica en vitaminas y minerales, en especial elegir alimentos que sean antioxidantes, como aquellos que contienen la vitamina E, es decir, frutas y verduras.
- Aplicación de cremas que contengan glocosamina, condrotina y alcanfor ayuda a reducir el dolor agudo y crónico.
También existen ciertos medicamentos que están previstos para el tratamiento de esta enfermedad que no requieren receta médica como son:
- Acetaminofeno o paracetamol: Para la primera etapa del tratamiento contra la osteoartritis se recomienda tomar hasta 4 gramos al día, esto puede aliviar de manera significativa el dolor articular sin producir efectos secundarios. Sin embargo, debe destacarse que no se debe exceder la dosis recomendada de este medicamento ni tomarlo en combinación con el alcohol, ya que puede provocar daño hepático.
- Acido acetilsalicílico, ibuprofeno o naproxen Estos medicamentos antinflamatorios no esteroides resultan muy efectivos para eliminar el dolor producido por esta enfermedad. Sin embargo, es posible que se presenten ciertos riesgos potenciales, sobre todo si se usan durante mucho tiempo, por lo que su consumo debe ser supervisado por un médico.
Medicamentos que requieren receta médica:
- Inhibidores de la ciclooxigenasa 2 (COX-2): Son capaces de bloquear una enzima promotora de inflamación, denominada COX-2. En un principio, estos medicamentos resultaron más efectivos que los antinflamatorios no esteroideos y produjeron menos problemas estomacales. Sin embargo, se han presentado ataques cardíacos relacionados con el consumo de estos medicamentos, por lo que se debe hablar con el médico para que se determine la conveniencia de usarlos.
- Corticosteroides esteroideos: Estos medicamentos inhiben el sistema inmunitario y los síntomas de inflamación. Son utilizados en casos severos de osteoartritis, y se ingieren de manera oral o a través de una inyección. Su consumo se debe evitar en la artritis infecciosa, ya que ocasionan numerosos efectos secundarios, como malestar estomacal, sangrado gastrointestinal, hipertensión arterial, debilitamiento de los huesos, cataratas y aumento de las infecciones. Estos efectos se extienden cuando se administran por largo tiempo o con dosis muy altas, por lo que es fundamental la supervisión estricta de un médico.
- Medicamentos antirreumáticos: Son usados para la artritis reumatoide, así como por otras causas autoinmunes de artritis. Destacan: sales de oro, penicilamina, sulfasalazina e hidroxicloroquina. Recientemente se ha demostrado que el metotrexato retarda el progreso de la artritis reumatoide y mejora la calidad de vida del paciente. El metotrexato en sí puede ser altamente tóxico y requiere exámenes de sangre frecuentes para los pacientes que están bajo medicación.
- Inmunosupresores: Estos medicamentos, como azatioprina o ciclofosfamida, se utilizan para casos graves de artritis reumatoide, cuando otros medicamentos han fallado.
Es importante, en todos los casos, seguir las recomendaciones del médico para administrar correctamente los medicamentos.
Existe un procedimiento quirúrgico (artroplastia) que permite reconstruir la articulación dañada o, en algunos casos, reemplazarla. Esta alternativa, por lo general, se aplica cuando no existe otra posibilidad que ayude a mejorar la condición del paciente.
En algunos casos, el médico puede inyectar un líquido artificial que reemplace el líquido sinovial que permite lubricar las articulaciones. Este método permite retrasar la necesidad de una cirugía, por lo menos de manera temporal, mejorando considerablemente la calidad de vida del paciente.
Los factores de riesgo que incrementan la posibilidad de padecer esta enfermedad son:
- Sobrepeso.
- Una lesión previa en la articulación afectada.
- Utilizar la articulación afectada de manera constante puede producir una tensión en la misma, por ejemplo, en el caso de los beisbolistas, los bailarines de ballet y los trabajadores de la construcción.
Es posible prevenir los daños en la articulación si la artritis es diagnosticada y tratada a tiempo. Es recomendable saber si existen antecedentes familiares que puedan indicar la presencia de artritis para compartir esta información con el médico.
Se debe evitar, en todos los casos, sufrir lesiones que afecten e involucren directamente las articulaciones. Asimismo, se recomienda no ejercer presión sobre ellas, ya que puede generar una tensión mayor que provoque esta afectación.